La silueta humana

Autor : Danny Garay | Publicado el : enero 14, 2018 | Etiquetas :

Aprovechando el poco tiempo de luz que me permite mi celular y el inquietante momento de tranquilidad procederé a relatar la aterradora situación en la que me encuentro. No le pediré al atento lector que crea totalmente en mis palabras, no obstante creo firmemente que es mi deber como periodista dar a conocer el horror que he estado experimentando desde altas horas de la noche, así entonces dejo escrito en este cuaderno lo sucedido. La situación actual no me permite el lujo de detalles, sin embargo espero que este relato sirva como evidencia que ayude a esclarecer el misterio que rodea mi muerte, así es, estoy seguro de que no podré permanecer mucho tiempo vivo...

Steve Hoffmann es un reconocido doctor especializado en neurología, en público se mostraba como una persona serena, paciente y amable con los demás, pero desde hace una semana su comportamiento cambió drásticamente según han dicho varios amigos cercanos del Doctor. Éstos afirmaron que el doctor se había vuelto loco por razones desconocidas, miraba a la gente con profundo temor, en consecuencia evitaba hablar demasiado tiempo con cualquiera, descuidó su trabajo en el hospital general de la ciudad y se mantuvo recluido en su casa desde entonces, sin más contacto con el exterior que a través de su esposa. Este inusual cambio de actitud me llamó la atención. Con la aprobación del editor en jefe del periódico donde trabajo me dediqué por completo a investigar el caso del Doctor Hoffmann. He recopilado información sobre la vida pasada del hombre, también sobre los antecedentes clínicos y psicológicos de sus familiares más cercanos pero no encontré nada extraño o algo relevante que me ayude a explicar ese profundo temor a las personas por parte del doctor.

Dos semanas después de haber iniciado mi investigación llegué a un punto donde no lograba avanzar en mi cometido, por esta razón insistí en un par de ocasiones en obtener una entrevista con el doctor pidiéndosela a su esposa, la señora Saya Hoffmann, una respetable mujer de treinta y cinco años, de ascendencia japonesa, licenciada en psicología y docente de la St. August University, una universidad ubicada fuera de la ciudad. Solicité la entrevista dando motivos diferentes a los verdaderos, para mi sorpresa poco tiempo después recibí un email de la mujer confirmándome que el doctor había aceptado a ofrecer una entrevista en su casa de habitación. Así pues se acordó que la entrevista se realizara el 31 de octubre a las diez y media de la noche, hora que su esposa se encontraría en la casa ya que por motivos profesionales usualmente llegaba tarde. El Doctor Hoffmann se negaría a participar en la entrevista si su esposa no estaba presente, ésta condición me pareció algo extraña pero acepté con todo gusto ya que lograría poder llegar a fondo del misterio del doctor y más aún si yo me adentraba en su casa.

Durante la entrevista pude notar que las afirmaciones de los amigos del señor Hoffmann eran completamente ciertas e incluso descubrí un hecho curioso, el doctor no escuchaba a otra persona que no fuera su esposa, obviamente no sufría de sordera (o eso parecía) pero durante el tiempo que duró la entrevista solo podía hacer llegar mis palabras por medio de su esposa quien escuchaba mis preguntas y luego las susurraba en el oído de su esposo, además él evitaba en la medida de lo posible verme directo a la cara, su cuerpo no dejaba de temblar al igual que su voz, la cual se escuchaba más como una desesperada súplica.
La señora Saya Hoffmann se encontraba detrás de su esposo, de pie, con una expresión amable y tranquila en su claro rostro, caso contrario a su marido que trataba de mantener la serenidad no obstante parecía que en cualquier momento empezaría a gritar o llorar desconsoladamente.

En presencia de su esposa solo me limité a realizar preguntas acerca de su última investigación sobre el envejecimiento del cerebro de las personas en relación a su entorno, eran preguntas sin importancia para mi verdadero objetivo pero necesitaba no parecer sospechoso delante de la mujer. De vez en cuando escribía en mi pequeño cuaderno diversos apuntes sobre el comportamiento y la apariencia del doctor. Ante los ojos de la señora Hoffmann parecía que estaba tomando notas acerca de la entrevista. Al cabo de veinte minutos, la esposa del doctor pidió una pausa y se adentró a la cocina para preparar algunos aperitivos, entonces aproveché para observar con detenimiento la sala donde me encontraba. 

La casa parecía confortable, de aspecto normal como cualquier otra que haya visto, de diseño minimalista y carente de cualquier adorno, cuadro u objeto que me llamara especialmente la atención.

Durante la ausencia de la señora Hoffmann, me atreví a hablar con el doctor pero este reaccionó con mucho miedo al escuchar mi tranquila voz. Después de cierto tiempo su esposa regresó con una bandeja que contenía varias galletas de diversos sabores y una taza de té. El doctor se estremeció al ver la bandeja, su rostro expresaba repulsión y terror, me pareció que hasta llegaría a vomitar con solo ver las galletas. Cabe destacar que ni las galletas ni el té me resultaron desagradables al gusto. Al ver la reacción de su esposo la señora Hoffmann me pidió amablemente y algo apenada que terminara pronto con la entrevista, sus finos y oscuros ojos me indicaron que ella no quería hablar hablar del problema que afectaba al doctor. Con un sentimiento de incomodidad me comí todas la galletas y bebí el té mientras observaba el comportamiento del Doctor Hoffmann que miraba a su alrededor totalmente aterrado y asqueado por su entorno. Después de beber el último sorbo de té dí por terminada la entrevista, el estado mental del doctor me impedía continuar.

Al salir de la casa, la señora Hoffmann me pidió disculpas por haber apresurado la entrevista, sin embargo entendía perfectamente que sería contraproducente continuar considerando el estado en el que se encontraba el doctor. Con una amarga sonrisa me despedí de la tranquila mujer y tomé rumbo a mi hogar. Caminé en dirección de la estación de tren cuya última salida estaba programada a la medianoche.

Caminando en medio de la silenciosa noche mis pensamientos estaban enfocados en el porqué del inquietante actuar del doctor al que recién había entrevistado mientras revisaba mis apuntes en el pequeño cuaderno. A medida que me alejaba de la casa de los Hoffmann las luces naranjas y amarillas de los faroles también se alejaban dejándome en poco tiempo bañado por la blanca luz de la luna. 

Cuando la oscuridad empezaba a cubrir mi alrededor divisé a mi lado derecho una figura humana de pie, inmóvil entre la penumbra, era una silueta sin rasgos definidos, parecía carecer de ojos sin embargo me dio la impresión de que me estaba viendo fijamente. Era una silueta la cual no podía distinguir si se trataba de un hombre o una mujer. Si no hubiera sido por la luz de un lejano farol dudo haber logrado divisar esta silueta de las sombras. Decidí ignorarlo y continué con mi camino. 

Saqué mi celular y vi que eran las once y cuarenta, además noté que el celular estaba sin servicio, esto aumentó un poco el temor que crecía dentro de mí, pasados dos minutos pasé por un camino de tierra y enseguida escuché que mis pies pisaron lo que pensaba era lodo no obstante estaba completamente equivocado. Estaba intrigado ya que no ha llovido por una semana, impulsado por mi descuida curiosidad activé la linterna de mi celular y dirigí la blanca luz hacia el suelo. Vi que había pisado una masa rosada, gelatinosa e impregnada en una sustancia de color rojo lo cual me parecía semejante a un cerebro humano desparramado. Dejé escapar un grito de susto mientras alejaba mis pies de aquella extraña y maloliente masa pero entonces escuchaba una y otra vez mis pisadas en el suelo cubierto de una fina capa de liquido rojo, un color que evocaba a la sangre. Levanté la vista y me encontré nuevamente con la inquietante silueta humana enfrente de mi, a seis o siete metros de distancia, esta silueta permanecía igual de oscura a pesar de haberla iluminado con la linterna, el temor seguía creciendo.

Retrocedí rápidamente unos seis pasos, después me giré y me topé una vez mas con la silueta humana, acto seguido grité y aterrado le pregunté a la silueta quién era pero ésta no contestó ni se movió, mi cuerpo empezó a temblar cuando la luna se ocultó detrás de las nubes. No soy una persona demasiado fuerte como para enfrentarme a alguien así que me giré nuevamente y corrí. Solo mis pasos se escucharon durante mi huida, adonde quiera que fuera el suelo seguía cubierto de un inmenso charco de sangre. A medida que corría logré divisar varios bultos rojizos en el suelo, no pude ver con detenimiento pero me dio la impresión de que se trataban de los torsos de cuerpos humanos. 

Cuando mis pies tocaron asfalto, el sentimiento de alivio me duró muy poco. El cielo nocturno ahora carecía de nubes o estrellas, ¡Incluso la luna había desaparecido! El cielo estaba completamente oscuro al igual que mis alrededores, aún jadeando dirigí la linterna hacia el frente mientras me giraba y ahí estaba, la misma silueta humana, ahora se encontraba a tan solo dos metros cerca de mí, el horror me invadió por completo y corrí nuevamente sin rumbo fijo tratando de alejarme de tan extraña figura. Pasaron varios minutos hasta que tuve la mala suerte de llegar a un laberinto de callejones. 

Pegando mi espalda a una pared y observando constantemente a los lados, tomé un pequeño descanso, mi cuerpo no estaba acostumbrado a correr durante largos trayectos, mis pies empezaban a doler y mi respiración se escuchaba agitada. Se me ocurrió entonces la idea de llamar a la policía pero por desgracia el celular seguía sin servicio, el terror que me invadió hizo que la piel se me erizara y que mi corazón latiera más deprisa. En ese instante una sensación de frío recorrió mi espalda, instintivamente me alejé de la pared y la apunté con la linterna. Un tejido carnoso se extendía por toda la pared y a mi lado, se encontraba la silueta humana. Un ente que constantemente me acechaba. 

Una vez más corrí, en el camino me tropecé con un gran bulto de carne fétida, la cual me hizo vomitar. Reanudé mi huida desesperado por encontrar una salida de los terroríficos callejones en los que me encontraba, a donde quiera que posara la vista miraba viseras y extremidades ensangrentadas de cuerpos colgando de manera macabra y a mis espaldas siempre se encontraba la silueta humana.

Al momento de escribir este relato, la hora marcada en mi celular indicaba que eran las seis de la mañana pero yo sigo sumido en la profunda oscuridad de una noche eterna. Quedé sin fuerzas para seguir huyendo, perdí el control de mis piernas al ver que había llegado a un callejón sin salida. La batería del celular está a punto de agotarse y hasta aquí dejo mi escrito. 

Me encuentro rodado de cuerpos mutilados tambaleándose y emitiendo un horrible chirrido, varios bultos de carne de diferentes tamaños y con olor fétido se encuentran regados en el suelo.

Estoy desesperado, sin saber como mi vida terminará y con el temor de encontrarme con la extraña silueta humana que seguramente se encuentra a mis espaldas.